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Una carrera sin fin, el reto del COVID-19

8 abril 2020 - Olga Cuevas Fernández

 

Lo que voy a exponer a continuación es un resumen muy esquemático y muy práctico de los que podemos hacer para cuidarnos y hacer frente a este virus y a cualquier otro. Qué hacer para estar en las mejores condiciones posibles para que nuestra respuesta inmunitaria sea buena, teniendo en cuenta que hay factores que no podemos controlar ni modificar como la edad, la constitución, dónde y cómo nos ha tocado vivir… Aunque las recomendaciones valdrían para cualquier enfermedad, voy a orientarlas a lo que nos preocupa en este momento, el COVID-19. No voy a entrar al detalle con evidencias científicas ni con procesos bioquímicos, voy a tratar de dar una visión global, y luego que cada uno profundice en lo que más le interese. Comprender, que, al no entrar en detalle, hay muchas cosas que se van a quedar en el tintero. En esta visión global, tenemos que recordar que, en los ecosistemas, los microorganismos solo proliferan en terrenos apropiados. Un terreno cuyo cuidado depende, en gran medida, de cada uno/a.

 

REQUISITOS PARA QUE SE DESARROLLE LA INFECCIÓN

En el desarrollo de una infección (de la enfermedad), tenemos que tener en cuenta tres factores:

1. Microorganismo, el factor detonante: en este caso el coronavirus, un trozo de ARN con unas pocas proteínas, imprescindible para que ocurra la enfermedad del COVID-19. Como todo virus, no tiene vida propia y solo se puede reproducir dentro de las células.  Según las teorías más consensuadas, puede proceder de animales muy estresados que viven en condiciones aberrantes, muy alejadas de sus hábitats naturales. Y según estamos viendo, es muy muy contagioso y agresivo, incluso puede dejar secuelas en algunas personas que lo han superado.

Es importante la carga viral, si es alta, como ocurre con los sanitarios en contacto con enfermos, este factor tiene más peso.

2. Terreno o medio interno íntimamente relacionado con la respuesta equilibrada del sistema inmunitario. Depende de muchos factores: genética, edad, grado de toxicidad del organismo, drogas (tabaco, alcohol, café…), patologías, medicación (especialmente inmunosupresores y corticoides), el estado de la microbiota, la inflamación crónica, tipo de alimentación (excesos o deficiencias), ejercicio, descanso y estrés (especialmente el crónico).

3. Medio ambiente o terreno externo:

El clima. El clima extremo puede ser un factor negativo especialmente para los más debilitados.

El lugar donde vivimos: lugares insalubres, lugares alejados de la naturaleza, hábitats consecuencia de malas condiciones socio-económicas… Aquí incluiríamos nuestra relación con el entorno y con nuestros semejantes.

La contaminación química del aire, del agua, de la tierra: polución, contaminación del tráfico especialmente del aéreo, chemtrails (fumigaciones con aviones cargadas de productos químicos), otras fumigaciones, cantidades ingentes de productos químicos procedentes de infinidad de procesos y residuos industriales… La contaminación del aire es la que afecta más directamente al sistema respiratorio.

En tiempos de confinamiento hemos reducido la contaminación química, pero estamos aumentando la exposición a la contaminación física.

La contaminación física: la más preocupantes es la contaminación electromagnética, la de los móviles, las wifis, los ordenadores… Ya hay estudios que relacionan el sobreuso de los teléfonos móviles con mayor riesgo de cáncer, como leucemias (sobre todo en niños) y tumores cerebrales. Los efectos de la nueva tecnología 5G (un tipo de microondas) que nos va a permitir bajar una película en pocos segundos, se sospecha que van a ser más perjudiciales que las anteriores 3G o 4G de menor frecuencia; su poder relativo de penetración es mayor.

Para la puesta en marcha del 5G ha sido necesario colocar miles y miles de satélites en la capa protectora de la Tierra, que emiten microondas que recogen miles de antenas de las ciudades y de las casas. Este tipo de radiaciones nos hace más vulnerables ante cualquier agente agresor, ante los virus también. Y nos afecta a todos, pero sobre todo a los que viven en zonas donde esta tecnología está más avanzada.

 

FACTORES DE RIESGO

Las personas con más riesgo de enfermar gravemente son aquellas que tienen un terreno (íntimamente relacionado con el sistema inmunitario) en malas condiciones, en especial el del sistema respiratorio.

  • Edad avanzada.
  • Tabaquismo y patologías pulmonares como asma, EPOC…
  • Inmunodeficiencias: por patologías como el cáncer y su tratamiento, enfermedades autoinmunes o por medicación (corticoides e inmunosupresores).
  • Inflamaciones intestinales y alteraciones de la microbiota.
  • Otras patologías que conllevan inflamación crónica de bajo grado como diabetes, hipertensión y patologías cardiovasculares.

 

RECURSOS PARA PREVENIR Y AYUDAR A NUESTRO ORGANISMO FRENTE A LA INFECCIÓN

Las herramientas no curan, son una ayuda para que el organismo pueda responder de forma equilibrada a la infección. Tanto la respuesta insuficiente del sistema inmunitario como el exceso de ella pueden llevar a situaciones complicadas. La respuesta va a depender fundamentalmente del estado más o menos equilibrado y saludable del organismo, en definitiva, de un buen terreno, y esto se consigue manteniendo hábitos saludables a lo largo del tiempo; no hay milagros.

Soy consciente de que la mayor parte de las herramientas que propongo se dirigen fundamentalmente a las personas que como yo vivimos con un cierto “bienestar” o mejor dicho confort. Hay muchas personas en nuestra sociedad que no tienen cubiertas las necesidades básicas, estos son problemas de gran envergadura, resultado de la desigualdad propia de nuestra sociedad, que hay que abordar desde otros ámbitos. 

Para las personas de riesgo, además de poner en práctica (en la medida de lo posible) las herramientas que voy a proponer, es fundamental evitar el virus, el contagio. Si a pesar de las medidas tomadas, la enfermedad se agrava, es el momento de acudir al hospital. Aprovecho para dar mi apoyo a todas aquellas personas que se están entregando para ayudar a los más vulnerables y a los enfermos, y a las que hacen posible que este complejo sistema de emergencia funcione.

 

¿Qué podemos hacer?

  • Para todos, cumplir con las recomendaciones de las autoridades sanitarias para evitar contagiar y ser contagiados.
  • Dormir y descansar correctamente (unas 7-8 horas diarias).
  • Ejercicio sin llegar a cansarte demasiado y respetando tiempos de recuperación. Te recomiendo escuchar música y dejar que el cuerpo se mueva dejándose llevar por ella.
  • Gestión del estrés, relajación, tranquilidad. Alejarse de las informaciones que aumentan el miedo. Tus defensas trabajan mucho mejor si estás relajado/a.
  • Introducir descansos de móvil, ordenador, tablet, TV…, especialmente 1 ó 2 horas antes de ir a dormir. Mejor apagar el dispositivo o ponerlo en modo avión, y evitar tenerlo en la mesilla de noche.
  • Si tienes congestión nasal te recomiendo duchas nasales (la lota) con agua tibia con sal.
  • Si tienes congestionada la garganta te recomiendo gárgaras con agua tibia con sal o con infusión de tomillo. En cuanto a los vahos tengo mis dudas, como principio de precaución no hacerlos para evitar que el virus progrese hasta los pulmones.
  • Si tienes fiebre, controla, pero no la cortes, nuestras defensas se activan con ella.
  • Alimentación natural sin procesados. Evitar el alcohol, el tabaco y los excesos de comida.

 

ALIMENTACIÓN

No hay ningún nutriente, ninguna vitamina, ningún mineral, ningún antioxidante, ninguna hierba… que por sí solos tengan efecto curativo. Pero en el contexto de una alimentación sana y equilibrada hay ciertos elementos que son una valiosa ayuda para que nuestras defensas actúen de forma adecuada.

Reducir lácteos, evitar azúcar y harinas refinadas y aceites refinados y calentados como los fritos. La alimentación debe ser lo más fresca posible, con alimentos de proximidad. Con abundantes hortalizas y frutas. Proteínas de calidad (pescados, carnes, huevos, legumbres). Carbohidratos complejos como los cereales integrales y los tubérculos. Grasas de calidad (aceite de oliva virgen, semillas, frutos secos, aguacate...). Además, una buena hidratación.

- La vitamina D. Si puedes, exponte al sol unos 30 minutos diarios (empieza poco a poco y sin quemarte), en la ventana, en el balcón o el jardín, con una parte de tu piel al descubierto (cuanta más mejor) y con la cabeza protegida. No sirve a través del cristal, ni con cremas protectoras. Si no puedes, estaría bien tomar un suplemento. Este punto es muy importante para los niños. Es lo mínimo que podemos hacer para suplir el tan necesario contacto con la Naturaleza.

- Vitamina C: muchas verduras y frutas, en especial kiwi, naranjas, brócoli y pimientos.

- Selenio: un oligoelemento escaso en los alimentos. Te recomiendo 2 nueces de Brasil al día.

- Omega3 (ɷ3) un tipo de ácidos grasos esenciales que modulan la respuesta inflamatoria, propia del organismo para hacer frente al patógeno. Los encontramos en los pescados azules de pequeño tamaño (los grandes tienen mercurio, entre otros elementos tóxicos). También, en las semillas de lino y chía, pero son menos eficaces.

- Especias: cúrcuma, jengibre, canela. Puedes añadirlas a tus caldos, infusiones o en cualquier comida.

- Infusiones: tomillo y jengibre.

- Polen, una cucharada sopera al día es suficiente. Disuelve en un líquido tibio.

- Setas y hongos: cordiceps, shiitake, maitake, reishi. Lo más práctico es tomar un suplemento de setas secas.

- Caldos ricos en minerales: caldos de verduras y algas, caldo de huesos, caldo de espinas de pescado. Sala con agua de mar. O simplemente bebe agua con limón y un chorrito de agua de mar.

- Productos fermentados como el kéfir y el chucrut. Los microorganismos que contienen nos pueden ayudar a paliar (solo un poco) la disminución de la diversidad de nuestra microbiota, esencial para tener un buen funcionamiento del sistema inmunitario. La falta de contacto con la naturaleza, con otras personas, con la vida, unida a las desinfecciones masivas, a los antibióticos y a los antivíricos, hacen estragos en nuestra ecología. Esperemos que el confinamiento no dure demasiado y no se repita.

Para completar esta información sobre alimentación te remito a unas recomendaciones elaboradas por dos nutricionistas de prestigio, mi hija Lucía Redondo y su pareja Jesús Sanchis.

No te agobies con todo esto, la alimentación es una pieza más de las herramientas a tu alcance. Tómatelo con calma, no es necesario que lo hagas todo. Lo más importante es que hagas una alimentación sana adaptada a tus condiciones particulares. Procura hacer bien las digestiones y las evacuaciones.

 

PARA REFLEXIONAR

Este es un momento para hacer frente a lo que tenemos encima, pero también para reflexionar sobre cómo queremos que sea nuestro futuro como especie.

La tan ansiada vacuna puede protegernos en algunos casos del temido coronavirus, pero pronto aparecerán otros virus para los que no tenemos vacuna, y así sucesivamente. La destrucción de los hábitats naturales, nuestro hacinamiento y el de los animales confinados por los humanos y sumamente estresados, hacen cada vez más viable que ciertos virus proliferen en animales con un sistema inmunitario alterado y den el salto a humanos. El hacinamiento y el transporte hacen el resto.

Si queremos de verdad velar por nuestra salud y por la del Planeta, tenemos que aprender a conjugar los sistemas de producción, las nuevas tecnologías, la forma de viajar, la forma de alimentarnos, con nuestra salud y la del Planeta. Nuestros esfuerzos, los de la sociedad, deberían orientarse más a favorecer la salud que a combatir la enfermedad. La medicina está para tratar la enfermedad, para cuando falla la salud. La salud se consigue en el día a día y a lo largo del tiempo.

Somos muy buenos organizándonos frente a un enemigo común, el virus en este caso, el culpable, como si de una guerra se tratase. ¿Dónde está la visión global? ¿Cómo están nuestros ecosistemas biológicos y sociales? Este virus nos ha sorprendido con “la casa sin barrer”. ¿Aprenderemos la lección? ¿Seremos capaces de mejorar nuestros ecosistemas y conciliarnos con la Naturaleza? ¿Seremos capaces de cuidar de nuestra salud y de la del Planeta? Ojalá que esta respuesta que estamos dando frente a la pandemia nos sirva de entrenamiento para saber qué hacer y cómo afrontar grandes retos de la humanidad como el hambre mundial, la adicción, la autoinmunidad, las enfermedades metabólicas, el suicidio o el colapso ecológico.

Quizás toca renunciar a ir tan rápidos y disfrutar más de las pequeñas cosas. En nuestras manos está el elegir qué consumir y qué dejar de consumir, cómo vivir. Y lo más importante, tomar conciencia y no distraernos con las promociones de un mundo mejor (más confortable). Este esperado mundo, puede limitarnos como seres humanos aumentando nuestra dependencia tecnológica y de pensamiento y privarnos de la libertad de criterio y de sentido común, imprescindibles para la vida; cada vez estaremos más controlados, a la vez que perdemos el control de lo más preciado que tenemos, la salud. Por cómo se está conformando conduce a un mundo que abrirá más la brecha entre ricos y pobres. En este panorama de incertidumbre, de sobreinformación -que no orienta para la vida- y de miedo, ahora más que nunca, los intereses económicos de una minoría mundial, sus sistemas de control y de poder tienen más fácil la posibilidad de prosperar e imponerse al interés colectivo de la mayoría de la población mundial. Cada uno de nosotros con nuestro hacer para nosotros mismos, coherente con el bien de la mayoría, comprometemos ese futuro que debe ser de felicidad.

Es una buena ocasión para reflexionar, valorar o apreciar lo que realmente es importante en la vida de todos nosotros. Estamos practicado la solidaridad y la compasión. Sigamos haciéndolo. Basemos nuestra sociedad en el amor y la colaboración y unamos nuestros esfuerzos para mantener limpio nuestro terreno interno y nuestro Planeta.

 

Salud-os,

Olga Cuevas

 

 

Lucía Redondo Cuevas

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